El CDC acaba de hacer públicas las nuevas recomendaciones acerca del diagnóstico y tratamiento de la gripe porcina
¿Cómo se hace el diagnóstico de la gripe porcina? Cuando una persona presenta síntomas de gripe (fiebre, mialgias y tos seca) y tiene posibilidad epidemiológicas de haber contraido la gripe porcina (viaje reciente a México) se le realiza un frotis nasal y faríngeo (con unas torundas y un medio de transporte especiales). Sobre esta muestra se realiza una técnica de amplificación genética mediante PCR a tiempo real. Si es positivo para gripe A, la detección antigénica falla para determinar la hemaglutinina y neuraminidasa ya que son de origen porcino. Esto convierte el caso en probable. Se deberá realizar entonces una determinación de H1N1 mediante kits específicamente diseñados para dicha determinación. Si la cepa es H1N1 el caso se confirma. Los casos posibles se definen cuando el sujeto con los síntomas antes descritos ha estado en contacto en los últimos 7 días con un caso confirmado, cuando ha viajado en los últimos 7 días a una región con 1 o más casos confirmados o vive en una comunidad con 1 o más casos confirmados.
¿Qué tratamientos son eficaces frente al virus? Los inhibidores de la neuraminidasa como oseltamivir (Tamiflu®) y zanamivir (ralenza®) son activos frente al virus. El virus es resistente a los adamantanos como la amantadina y rimantadina.
¿Cuándo se deben tratar a los pacientes? Se deben tratar los casos confirmados, probables o posibles. Los pacientes se benefician del tratamiento si se inicia en las primeras 48 horas de los síntomas. El tratamiento dura 5 días y puede ser utilizado en niños.
Para saber más: http://www.cdc.gov/swineflu/
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martes, 28 de abril de 2009
martes, 7 de abril de 2009
Virus contra bacterias
Muchas veces pensamos en las bacterias como pequeños seres virulentos que campan a sus anchas con el único propósito de vivir en nuestros cuerpos y producirnos infecciones en ocasiones letales.
Nada más lejos de la realidad. Las bacterias tienen sus propios depredadores, los virus. Estos virus que ‘infectan’ a las bacterias se conocen con el nombre de bacteriófagos (véase la representación esquemática de un bacteriófago en la figura) y los encontramos por todas partes; son ubicuos. Si los pudiéramos reunir a todos y los pudiéramos pesar, llegarían a 1 x 10 elevado a nueve toneladas. Mucho bacteriófago. En una sola gota de agua marina pueden contabilizarse un millón de partículas víricas. Su capacidad de devorar bacterias es muy alta y se estima que destruyen la mitad de la población mundial de bacterias cada 48 horas. Imagínense ustedes la vida de una bacteria. Debo puntualizar que cada especie de bacteriófago es específica para una especie de bacteria. Una vez el bacteriófago infecta a la bacteria, miles de nuevas partículas virales salen de ella para buscar nuevas presas.

En 1896, Ernest Hankin descubrió su papel como exterminador de bacterias observando su capacidad destructiva sobre Vibrio Cholerae, la bacteria causante del cólera, en aguas del río Ganges y Junma. A partir de entonces creció el interés por los bacteriófagos para el tratamiento de las enfermedades infecciosas y, de hecho, hubo enormes intereses comerciales para su uso.
Sin embargo, la aparición de las sulfamidas en la década de los años 30 y posteriormente de la penicilina, hizo que el interés por los fagos decreciera. Los antibióticos fueron mucho más eficaces y seguros para el tratamiento de las infecciones.
Sin embargo, en muchos países bajo el régimen comunista, el tratamiento con bacteriófagos se llevó a la práctica y existen auténticas colecciones de bacteriófagos para cada una de las bacterias patógenas para el ser humano. A pesar de que probablemente existe experiencia clínica en el tratamiento de las infecciones con fagos, no disponemos de estudios con un diseño apropiado que nos permitan evaluar su eficacia y seguridad.
Como hemos dicho, los antibióticos son muy eficaces y seguros para el tratamiento de las infecciones. Pero, ¿qué pasa cuando las bacterias se hacen resistentes a los antibióticos? Esta situación la estamos viviendo en la actualidad y cada vez más encontramos, predominantemente en el entorno hospitalario, bacterias multirresistentes. Este hecho ha conducido a que muchas empresas hayan recobrado el interés por los bacteriófagos para el tratamiento de las infecciones.
Además, hay infecciones difíciles de tratar, que podrían beneficiarse del uso de fagos. Ciertas infecciones sobre materiales de prótesis, por ejemplo endocarditis sobre válvulas cardiacas protésicas o infecciones de prótesis articulares, crean una película donde las bacterias viven en estado casi vegetativo y muy difíciles de eliminar con antibióticos.
¿Deberemos en el futuro usar ciertos virus contra bacterias? Nada se puede descartar.
Nada más lejos de la realidad. Las bacterias tienen sus propios depredadores, los virus. Estos virus que ‘infectan’ a las bacterias se conocen con el nombre de bacteriófagos (véase la representación esquemática de un bacteriófago en la figura) y los encontramos por todas partes; son ubicuos. Si los pudiéramos reunir a todos y los pudiéramos pesar, llegarían a 1 x 10 elevado a nueve toneladas. Mucho bacteriófago. En una sola gota de agua marina pueden contabilizarse un millón de partículas víricas. Su capacidad de devorar bacterias es muy alta y se estima que destruyen la mitad de la población mundial de bacterias cada 48 horas. Imagínense ustedes la vida de una bacteria. Debo puntualizar que cada especie de bacteriófago es específica para una especie de bacteria. Una vez el bacteriófago infecta a la bacteria, miles de nuevas partículas virales salen de ella para buscar nuevas presas.

En 1896, Ernest Hankin descubrió su papel como exterminador de bacterias observando su capacidad destructiva sobre Vibrio Cholerae, la bacteria causante del cólera, en aguas del río Ganges y Junma. A partir de entonces creció el interés por los bacteriófagos para el tratamiento de las enfermedades infecciosas y, de hecho, hubo enormes intereses comerciales para su uso.
Sin embargo, la aparición de las sulfamidas en la década de los años 30 y posteriormente de la penicilina, hizo que el interés por los fagos decreciera. Los antibióticos fueron mucho más eficaces y seguros para el tratamiento de las infecciones.
Sin embargo, en muchos países bajo el régimen comunista, el tratamiento con bacteriófagos se llevó a la práctica y existen auténticas colecciones de bacteriófagos para cada una de las bacterias patógenas para el ser humano. A pesar de que probablemente existe experiencia clínica en el tratamiento de las infecciones con fagos, no disponemos de estudios con un diseño apropiado que nos permitan evaluar su eficacia y seguridad.
Como hemos dicho, los antibióticos son muy eficaces y seguros para el tratamiento de las infecciones. Pero, ¿qué pasa cuando las bacterias se hacen resistentes a los antibióticos? Esta situación la estamos viviendo en la actualidad y cada vez más encontramos, predominantemente en el entorno hospitalario, bacterias multirresistentes. Este hecho ha conducido a que muchas empresas hayan recobrado el interés por los bacteriófagos para el tratamiento de las infecciones.
Además, hay infecciones difíciles de tratar, que podrían beneficiarse del uso de fagos. Ciertas infecciones sobre materiales de prótesis, por ejemplo endocarditis sobre válvulas cardiacas protésicas o infecciones de prótesis articulares, crean una película donde las bacterias viven en estado casi vegetativo y muy difíciles de eliminar con antibióticos.
¿Deberemos en el futuro usar ciertos virus contra bacterias? Nada se puede descartar.
Etiquetas:
bacteria,
Bacteriófago,
multirresistencia antibiótica,
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