martes, 7 de abril de 2009

Virus contra bacterias

Muchas veces pensamos en las bacterias como pequeños seres virulentos que campan a sus anchas con el único propósito de vivir en nuestros cuerpos y producirnos infecciones en ocasiones letales.
Nada más lejos de la realidad. Las bacterias tienen sus propios depredadores, los virus. Estos virus que ‘infectan’ a las bacterias se conocen con el nombre de bacteriófagos (véase la representación esquemática de un bacteriófago en la figura) y los encontramos por todas partes; son ubicuos. Si los pudiéramos reunir a todos y los pudiéramos pesar, llegarían a 1 x 10 elevado a nueve toneladas. Mucho bacteriófago. En una sola gota de agua marina pueden contabilizarse un millón de partículas víricas. Su capacidad de devorar bacterias es muy alta y se estima que destruyen la mitad de la población mundial de bacterias cada 48 horas. Imagínense ustedes la vida de una bacteria. Debo puntualizar que cada especie de bacteriófago es específica para una especie de bacteria. Una vez el bacteriófago infecta a la bacteria, miles de nuevas partículas virales salen de ella para buscar nuevas presas.

En 1896, Ernest Hankin descubrió su papel como exterminador de bacterias observando su capacidad destructiva sobre Vibrio Cholerae, la bacteria causante del cólera, en aguas del río Ganges y Junma. A partir de entonces creció el interés por los bacteriófagos para el tratamiento de las enfermedades infecciosas y, de hecho, hubo enormes intereses comerciales para su uso.
Sin embargo, la aparición de las sulfamidas en la década de los años 30 y posteriormente de la penicilina, hizo que el interés por los fagos decreciera. Los antibióticos fueron mucho más eficaces y seguros para el tratamiento de las infecciones.
Sin embargo, en muchos países bajo el régimen comunista, el tratamiento con bacteriófagos se llevó a la práctica y existen auténticas colecciones de bacteriófagos para cada una de las bacterias patógenas para el ser humano. A pesar de que probablemente existe experiencia clínica en el tratamiento de las infecciones con fagos, no disponemos de estudios con un diseño apropiado que nos permitan evaluar su eficacia y seguridad.
Como hemos dicho, los antibióticos son muy eficaces y seguros para el tratamiento de las infecciones. Pero, ¿qué pasa cuando las bacterias se hacen resistentes a los antibióticos? Esta situación la estamos viviendo en la actualidad y cada vez más encontramos, predominantemente en el entorno hospitalario, bacterias multirresistentes. Este hecho ha conducido a que muchas empresas hayan recobrado el interés por los bacteriófagos para el tratamiento de las infecciones.
Además, hay infecciones difíciles de tratar, que podrían beneficiarse del uso de fagos. Ciertas infecciones sobre materiales de prótesis, por ejemplo endocarditis sobre válvulas cardiacas protésicas o infecciones de prótesis articulares, crean una película donde las bacterias viven en estado casi vegetativo y muy difíciles de eliminar con antibióticos.
¿Deberemos en el futuro usar ciertos virus contra bacterias? Nada se puede descartar.

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